Canción de los remos (J. A. Buesa)

 

Quizás olvidaremos, pues siempre hay que olvidar

pero escucha los remos, cantando sobre el mar.

Bajo este cielo claro tu alma llega a la mía

como la luz de un faro desde la lejanía.

 

Así como la espuma pasará este momento

nuestra ilusión se esfuma, como la espuma al viento.

Pero en el alma sola si un gran amor la llena

hay algo de la ola y hay algo de la arena.

 

Náufrago de su espanto, piloto de su hastío

el mar canta en su canto que ya tu amor es mío.

Yo soy la vela rota que da al aire su vuelo,

y tú eres la gaviota que va a estrenar su vuelo.

 

Pero aún quedan futuros que yo desconocía

en tus ojos oscuros donde nunca es de día.

Aún hay algo postrero mas allá del olvido

y en tu amor recupero todo lo que he perdido.

 

Ni digo que te quedes, ni quiero que te vayas.

Pues soy como las redes tendidas en las playas

arroyo de ternuras hazme tuyo en lo mío

llenando de agua pura mi cántaro vacío.

 

Ya mi voz tiene un eco, ya mi voz no se pierde.

Por eso el tronco seco retoña la hoja verde.

Y así mi vida espera la gracia de un retoño

como la primavera que ilumina un otoño.

 

Por eso aunque olvidemos

que siempre hay que olvidar

oye cantar los remos

sobre el dolor del mar.

Por estos pocos días.. quién sabe cuántos años

 

Perdóname.

Siento no ser capaz de cumplir mi promesa de no irme.

Dije que me quedaría y ahora me estoy alejando...

 

Perdóname por quererte... quizá si no lo hubiera hecho las cosas serían de otra forma. No pierdas el tiempo conmigo.. Te aseguro que no merece la pena.

 

Perdóname por quererte retener... Pero debes saber que mi corazón, un día, silenció su latido, y que lo que está muerto ya no se puede resucitar.

 

Déjame con mi pequeño dolor de perderte. Corre! Aléjate de mi... Cerraré los ojos para no verte marchar.

 

Aprieta el paso, no mires hacia atrás... Olvida el daño que te hice, no volverá a pasar... Sólo tienes que mirar el horizonte y andar.

 

Yo me quedaré aquí, sin decir nada... mientras tú sueltas mi mano cuando aún no me dio tiempo apenas de sentir su tacto... Pero no importa...

 

Sólo importas tú, sé feliz... es lo único que espero. No quiero que te duela el alma, no puedo permitirme ese lujo, no soy nadie para hacerlo...

 

Sin tener principio llega a su final...

El falso amor (J. A. Buesa)

Un amor que pregunta, si es virtud o es pecado,

la fuerza que lo agita, eso es el amor soñado.

Un amor que se esconde, porque teme al futuro,

puede ser un amor, pero no es el más puro.

 

Un amor que se escapa de su propio sentido,

es la rama del árbol sin la gloria del nido.

Un amor que razona, que contrata su ensueño,

inevitablemente será un amor pequeño.

 

Un amor que me exige preceptos y rituales,

con dudas aritméticas y páginas legales...

Ese no es el amor que soñaba ofrecerte

para toda la vida, sobre toda la muerte.

 

Si tu amor es tan pobre, recuérdame perdido:

cuando es poco el amor, ¡Vale más el olvido!

La fuga infinita (J A Buesa)

Se fue mi niñez...

Batiendo sus alas de rosa partió...

Le rogué, llorando: "¡Vuelve a mi otra vez!"

-Volveré- me dijo... Pero no volvió...

 

Después, mi inocencia, cual mística flor,

se mustió entre las

llamaradas locas del pagano amor,

y a mi alma su aroma no tornó jamás...

 

Y, al llegar mis dudas, se marchó mi fe...

-"¿Volverás?"- le dije... No sé si me oyó:

Hizo un gesto vago me miró y se fue.

 

Luego, acurrucada, sufrió mi ilusión

de los desengaños el flagelo cruel:

Me miró con húmedos ojos de lebrel

y se fue en silencio de mi corazón...

 

Y yo sé que un día también tú te irás,

sin que mis caricias puedan retenerte,

pues ya hacia otros brazos, o ya hacia la muerte,

no te detendrás...

 

Porque sé que un día llegará el olvido,

y sé que ese día te me irás, mujer,

como tantas cosas que ya se me han ido:

¡Para no volver!...

El pequeño dolor (J. A. Buesa)

Mi dolor es pequeño,

pero aun así bendigo este dolor,

que es como no soñar después de un sueño,

o es como abrir un libro y encontrar una flor.

 

Déjame que bendiga

mi pequeño dolor,

que no sabe crecer como la espiga,

porque la espiga crece sin amor.

 

Y déjame cuidar como una rosa

este dolor que nace porque sí,

este dolor pequeño, que es la única cosa

que me queda de ti.

Carta a usted (J. A. Buesa)

 

Señora:

 

Según dicen ya tiene usted otro amante.

Lástima que la prisa nunca sea elegante.

Yo sé que no es frecuente que una mujer hermosa,

se resigne a ser viuda, sin haber sido esposa.

 

Y me parece injusto discutirle el derecho

de compartir sus penas sus goces y su lecho

pero el amor señora cuando llega el olvido

también tiene el derecho de un final distinguido.

 

Perdón... Si es que la hiere mi reproche... Perdón

aunque sé que la herida no es en el corazón

Y para perdonarme... Piense si hay más despecho

que en lo que yo le digo, que en lo que usted ha hecho.

 

Pues sepa que una dama con la espalda desnuda

sin luto en una fiesta, puede ser una viuda.

Pero no como tantas de un difunto señor

sino para ella sola, viuda de un gran amor.

 

Y nuestro amor recuerdo, fue un amor diferente

al menos al principio, ya no, naturalmente.

 

Usted será el crepúsculo a la orilla del mar,

que según quien lo mire será hermoso o vulgar.

Usted será la flor que según quien la corta,

es algo que no muere o algo que no importa.

 

O acaso cierta noche de amor y de locura

yo vivía un ensueño y... y usted una aventura.

Si... usted juró cien veces ser para siempre mía

yo besaba sus labios pero no lo creía.

 

Usted sabe y perdóneme que en ese juramento

influye demasiado la dirección del viento.

Por eso no me extraña que ya tenga otro amante

a quien quizás le jure lo mismo en este instante.

 

Y como usted señora ya aprendió a ser infiel

a mí así de repente me da pena por él.

 

Sí es cierto... alguna noche su puerta estuvo abierta

y yo en otra ventana me olvidé de su puerta

O una tarde de lluvia se iluminó mi vida

mirándome en los ojos de una desconocida.

 

Y también es posible que mi amor indolente

desdeñara su vaso bebiendo en la corriente.

Sin embargo señora... Yo con sed o sin sed

nunca pensaba en otra... si la besaba a usted.

 

Perdóneme de nuevo si le digo estas cosas

pero ni los rosales dan solamente rosas.

Y no digo estas cosas por usted ni por mí

sino por... por los amores que terminan así.

 

Pero vea señora... que diferencia había

entre usted que lloraba... y yo que sonreía.

Pues nuestro amor concluye con finales diversos

usted besando a otro... Yo escribiendo estos versos.

Elegía para ti y para mi (J. A. Buesa)

 

Yo seguiré soñando mientras pasa la vida,

y tú te irás borrando lentamente de mi sueño.

Un año y otro año caerán como hojas secas

de las ramas del árbol milenario del tiempo,

y tu sonrisa, llena de claridad de aurora,

se alejará en la sombra creciente del recuerdo.

 

               II

 

Yo seguiré soñando mientras pasa la vida,

y quizás, poco a poco, dejaré de hacer versos,

bajo el vulgar agobio de la rutina diaria,

de las desilusiones y los aburrimientos.

Tú, que nunca soñaste mas que cosas posibles,

dejarás, poco a poco, de mirarte al espejo.

 

               III

 

Acaso nos veremos un día, casualmente,

al cruzar una calle, y nos saludaremos.

Yo pensaré quizás: " Qué linda es todavía."

Tú quizás pensarás: " Se está poniendo viejo "

Tú irás sola, o con otro. Yo iré solo o con otra.

O tú irás con un hijo que debiera ser nuestro.

 

               IV

 

Y seguirá muriendo la vida, año tras año,

igual que un río oscuro que corre hacia el silencio.

Un amigo, algún día, me dirá que te ha visto,

o una canción de entonces me traerá tu recuerdo.

Y en estas noches tristes de quietud y de estrellas,

pensaré en ti un instante, pero cada vez menos....

 

               V

 

Y pasará la vida. Yo seguiré soñando;

pero ya no habrá un nombre de mujer en mi sueño.

Yo ya te habré olvidado definitivamente

y sobre mis rodillas retozarán mis nietos.

(Y quizás, para entonces, al cruzar una calle,

nos vimos frente a frente, ya sin reconocernos.)

 

               VI

 

Y una tarde de sol me cubrirán de tierra,

las manos para siempre cruzadas sobre el pecho.

Tú, con los ojos tristes y los cabellos blancos,

te pasarás las horas bostezando y tejiendo.

Y cada primavera renacerán las rosas,

aunque ya tú estés vieja, y aunque yo me haya muerto.

Poema final por nosotros (J. A. Buesa)

 

Está bien, vas con otro, y me apeno y sonrío,
pues recuerdo las noches que temblaste en mi mano,
como tiembla en la hoja la humedad del rocío,
o el fulgor de la estrella que desciende al pantano.

Te perdono, y es poco. Te perdono, y es todo,
yo que amaba tus formas, más amaba tu amor,
y empezó siendo rosa lo que luego fue lodo,
a pesar del perfume y a pesar del color.

Hoy prefiero mil veces sonreír aunque pierda,
mientras pierda tan solo el derecho a tu abrazo,
y no ser el que olvida, mientras él quien recuerda,
y tú bajes el rostro y él lo vuelva si paso.

Quien te lleva no sabe que pasó mi tormento,
y me apena su modo de aferrarse a lo vano,
él se aferra a la rosa, pero olvida que el viento,
todavía dirige su perfume a mi mano.

Y por ser quien conozco tus angustias y anhelos,
te perdono si pasas y si no me saludas,
pues prefiero el orgullo de perderte con celos,
a la angustia que él siente de tenerte con dudas.

Y mañana quien sabe, no sabré si fue rubia,
si canela, o si blanca la humedad de esta pena,
y quizás te recuerde si me adentro en la lluvia,
o tal vez me dé risa si acaricio la arena.

Soledad

 

No siempre las cosas riman. No todo se puede relacionar, no siempre las cosas concuerdan. Entonces se han de buscar otros caminos.

 

Caminos que no llevan a nada, o que llevan a todo y sucede que no sabes qué elegir. Pero así es la vida, y escojas lo que escojas, siempre acabarás teniendo el mismo sentimiento.

 

Esa batalla de tu corazón y tu cabeza. Tu corazón te suplica que le destruyas de una vez por todas, que le claves una daga en el centro y le quites tanta pena, que le evites más dolor.

Sin embargo tu cabeza te dicta todo lo contrario y te hace vivir en el engaño, en la ignorancia de creer que las cosas pueden cambiar.

 

Despierta en ti esa maldita esperanza, y sabes que no es cierto, que todo seguirá siendo igual.

Aún así cedes, pones todas tus fuerzas en sobrevivir en este mundo, en luchar para lograr un fin que tú mismo desconoces, pero que se supone que traerá consigo la felicidad.

Al menos eso piensas, te llegas a creer que es verdad y comienzas a ilusionarte cada día más, esperando que llegue ese momento de paz y libertad, ese momento lleno de alegría que tanto ansías. Pasa un día tras otro y no llega...no aparece.

 

Vives en una competición en la que solo existen dos contrincantes: tú y la soledad.

Ésta es rápida, tienes que conseguir alcanzarla, no permitir que llegue a la meta y se haga con la victoria.

Hay pocos que vencen. Y están los que prefieren no competir, deciden vivir cogido de la mano de su rival, conviviendo en la tristeza y la monotonía, pues no soportarían otra derrota más.

Prefieren unirse al enemigo e intentar convertirle en su más fiel amigo.

 

Quizá yo me pueda incluir en este grupo, pues tantas veces me he caído en esa maldita carrera que mis piernas quedaron destrozadas, ya no corren... no pueden continuar la competición. Y sólo me queda esperar la oportunidad de no tener que seguir forzando a mis piernas y dejar que mis brazos se activen, y me hagan volar alto.

Aunque confieso que el simple hecho de pensarlo ya me asusta, me arriesgaría a que mis brazos terminasen como mis piernas, que ya no me pudiese elevar y comenzase el descenso en picado, en este mundo que nunca ha amortiguado mi caída, y dudo que lo haga. Entonces vuelvo a pensar...llevo toda la vida agarrada a la soledad y sigo viva, ¿para qué cambiar entonces?

 

La soledad no es tan mala cuando la conoces.

Te acabas acostumbrando...siempre lo haces.

 

Angie (2003)

Elegía lamentable (J. A. Buesa)

 

Desde este mismo instante seremos dos extraños

por estos pocos días, quién sabe cuántos años...

yo seré en tu recuerdo como un libro prohibido

uno de esos que nadie confiesa haber leído.

Y así mañana, al vernos en la calle, al ocaso,

tu bajarás los ojos y apretarás el paso,

y yo, discretamente, me cambiaré de acera,

o encenderé un cigarro, como si no te viera...

 

               II

 

Seremos dos extraños desde este mismo instante

y pasarán los meses, y tendrás otro amante:

y como eres bonita, sentimental y fiel,

quizás, andando el tiempo, te casarás con él.

Y ya, más que un esposo será como un amigo,

aunque nunca le cuentes que has soñado conmigo,

y aunque, tras tu sonrisa, de mujer satisfecha,

se te empañen los ojos, al llegar una fecha.

 

               III

 

Acaso, cuando llueva, recordarás un día

en que estuvimos juntos y en que también llovía.

Y quizás nunca más te pongas aquel traje

de terciopelo verde, con adornos de encaje.

O harás un gesto mío, tal vez sin darte cuenta,

cuando dobles tu almohada con mano soñolienta.

Y domingo a domingo, cuando vayas a misa,

de tu casa a la iglesia, perderás tu sonrisa.

 

               IV

 

¿Qué más puedo decirte? Serás la esposa honesta

que abanica al marido cuando ronca la siesta:

tras fregar los platos y tender las camas,

te pasarás las noches sacando crucigramas...

Y así, años y años, hasta que, finalmente,

te morirás un día, como toda la gente.

Y voces que aún no existen sollozarán tu nombre,

y cerrarán tus ojos los hijos de otro hombre.

 

               V

 

No me importa quién pase después por un sendero,

si me queda el orgullo de haber sido el primero.

Y el vaso que embriagara mi ilusión o mi hastío,

aunque esté en otra mano, seguirá siendo mío.

Por eso puedes irte, mi pobre soñadora,

pues si el reloj se para, no detiene la hora,

y tú serás la misma de las noches aquellas,

aunque cierres los ojos para no ver las estrellas...

Poema del Renunciamiento (J. A. Buesa)

 

Pasarás por mi vida sin saber que pasaste,

pasarás en silencio por mi amor y al pasar

fingiré una sonrisa como un dulce contraste

del dolor de quererte... y jamás lo sabrás.

 

Soñaré con el nácar virginal de tu frente,

soñaré con tus ojos de esmeraldas de mar,

soñaré con tus labios desesperadamente,

soñaré con tus besos... y jamás lo sabrás.

 

Quizás pases con otro que te diga al oído

esas frases que nadie como yo te dirá

y, ahogando para siempre mi amor inadvertido,

te amaré más que nunca... y jamás lo sabrás.

 

Yo te amaré en silencio... como algo inaccesible,

como un sueño que nunca lograré realizar

y el lejano perfume de mi amor imposible

rozará tus cabellos... y jamás lo sabrás.

 

Y si un día una lágrima denuncia mi tormento,

-- el tormento infinito que te debo ocultar --

te diré sonriente: "No es nada... ha sido el viento".

Me enjugaré la lágrima... ¡y jamás lo sabrás!

Poema del fracaso (J. A. Buesa)

 

Mi corazón, un día, tuvo un ansia suprema,

que aún hoy lo embriaga cual lo embriagara ayer;

Quería aprisionar un alma en un poema,

y que viviera siempre... Pero no pudo ser.

 

Mi corazón, un día, silenció su latido,

y en plena lozanía se sintió envejecer;

Quiso amar un recuerdo más fuerte que el olvido

y morir recordando... Pero no pudo ser.

 

Mi corazón, un día, soñó un sueño sonoro,

en un fugaz anhelo de gloria y de poder;

Subió la escalinata de un palacio de oro

y quiso abrir las puertas... Pero no pudo ser.

 

Mi corazón, un día, se convirtió en hoguera,

por vivir plenamente la fiebre del placer;

Ansiaba el goce nuevo de una emoción cualquiera,

un goce para él solo... Pero no pudo ser.

 

Y hoy llegas tú a mi vida, con tu sonrisa clara,

con tu sonrisa clara, que es un amanecer;

y ante el sueño más dulce que nunca antes soñara,

quiero vivir mi sueño... Pero no puede ser.

 

Y he de decirte adiós para siempre, querida,

sabiendo que te alejas para nunca volver,

Quisiera retenerte para toda la vida...

¡Pero no puede ser! ¡Pero no puede ser!

Fuiste mía

 

Fuiste mía.

Nadie lo supo nunca... nadie lo sabrá jamás.

 

Fuiste mía.

Y no digo lo que siento... porque no lo comprenderás.

 

Fuiste mía... pero en sueños. Te tuve entre mis brazos, te mire a los ojos... te dije "te quiero", te llame "mi amor"... Te besé como nunca antes lo había hecho.

 

Tú solo sonreías, correspondías mi amor, tu mirada brillaba... tus caricias eran como el roce de un pétalo de rosas, tan suave... En ese momento se me erizó no el vello, sino el corazón...

 

Sentí un pálpito en el fondo de mi alma, abrí los ojos... pero tú no estabas.

 

En ese preciso instante me di cuenta que jamás tendría tus besos, ni tus caricias, ni tus "te quieros"... comprendí que a veces las cosas acaban cuando aún no han empezado...

 

Te perdí sin tan siquiera haberte tenido... ¿Cómo puede ser eso?

 

No sé qué es lo que pasa... tampoco lo quiero saber, solo... solo quiero cerrar los ojos y abrir esa puerta que me lleva hacia ti...

Esa puerta que cuando se abre hace que vuelvas a ser mía, y... aunque sé que solo es un sueño, soy feliz... porque al menos por un instante te tengo...

 

Porque al menos.... cuando cierro los ojos, todo pasa, todo se olvida... y lo único que me queda es tu voz susurrante diciéndome al oído "He vuelto cariño, quédate conmigo"

 

Y no quiero despertar....

 

Angie

...

 

No, no te merezco. Nunca lo hice. Intenté negar lo evidente, luché por callar las bocas  de quien decían lo contrario…
Y en cambio debí haber escuchado esas voces sabias que me lo repetían una y otra vez…

Ahora me arrepiento. Me arrebataste todo cuanto yo era.
¿De qué vale no poder ser tú misma?

Siento no haberme dado cuenta antes, quizá nos habríamos ahorrado mucho dolor.

Ya no importa… Si te hablo desde la sinceridad, me dan igual estos años, para mí nunca han existido… porque no los sentí.

Mentiría si dijese que no hubo algo bueno… claro que lo hubo, pero no me merece la pena veinte golpes por una sonrisa.
Porque el amor que tú me dabas lo encuentro en cada esquina.
Porque los besos que me regalabas los he sentido más sinceros en otros labios.

Ay amor… cuántas veces te dije “mi vida” cuando realmente mi vida no está cerca de ti.

Basé una relación en simples palabras, en una ilusión que sabía que no podría cumplir..

Buscaba en ti lo que deseé en otra persona… y sé que fue mi culpa…

Nunca debí acceder a aquello. Creéme cuando te digo que siento si alguna vez te hice daño, no porque no lo merezcas, sino porque, al contrario que tú, tengo buen corazón y no voy haciendo daño a la gente así, tan gratuitamente.

Quizá tú tengas la cara bonita que no tengo yo… pero a la larga, el corazón manda. Y el tuyo está lleno de mentiras y traiciones.

Dejé toda mi vida por ti, pero no lo mereces, ni tan siquiera mereces mi odio.

Me costará recuperar aquello que abandoné, y volveré a reir y ser feliz como antes fui.
Y algún día, en un futuro cercano, echaré la vista atrás y veré lo que he ganado sin ti.
Y te veré a ti en el mismo peldaño en el que te quedaste en mi ausencia, y no sentiré pena alguna, porque tú te lo buscaste.

Adiós amor mío. No puedo desearte felicidad, no me sale del corazón quizá por lo infeliz que me has hecho a mi.

Solo espero que tu paso por este mundo no esté demasiado lleno de baches.

Y ojalá nunca consigas olvidarme… para que te des cuenta de lo que tenías al lado.

Y ojalá que cuando mires al pasado una lágrima te corra por el rostro deseando aquello que tuviste una vez..

…Deseando aquello que nunca volverás a tener…

Angie

Miedo

 

A veces siento que soy tan feliz que tengo miedo, y no lo puedo evitar.
Tengo miedo de tener miedo y disfrazo con burlas mi temor a decirte que te quiero por miedo a que, de repente, se te desgasten mis palabras.

 

Porque me siento tan cerca de ti que, sin querer temer, temo y me vuelvo lejana.
Porque me siento parte de tu mundo cuando, a la vez, para el mundo no soy nada.
Porque pasé de ser nadie a ser la persona mas amada, y tengo miedo...
Miedo de saber que, a veces, el amor se acaba.

 

Y no sabes cuanto desearía bajar la luna y ponerla en tu mirada sabiendo que el temor es insignificante porque, a tu lado, no sufre mi alma.
Y esque mi alma dejó de llorar cuando levantó la cabeza y vio la sonrisa de tu cara, y aún así mi corazón es cobarde...

 

Es cobarde, y se asusta por nada...

 

Y no quiero que esto acabe, niña, no quiero que de pronto una lluvia inesperada me atormente por dentro y se te apague esa llama...

 

Y en silencio te llamo, niña...en silencio, cuando estoy callada.
Y tú te quejas!! Te quejas de que no digo nada... pero no sabes que, a veces, el silencio dice más que las palabras.

 

Porque me callo y te miro y, sin hablar, tus ojos me hablan.
Y tú no te das cuenta que lo único que hago es decirte sin palabras lo que por mi mente pasa.

 

... Por si aún no te has dado cuenta... Cuando me miras y me dices... "¿Qué te pasa?"... Lo único que ocurre es que TE QUIERO, pero eres tan especial que no existen las palabras adecuadas para expresar lo que tu has hecho en mi vida.

Por eso no paro de seguir buscando lo que, de momento, solo puedo decirte... cuando estoy callada...

 

 

 Angie

Adelfos (Manuel Machado)

 

[...]

 

Mi voluntad se ha muerto una noche de luna
en que era muy hermoso no pensar ni querer...
Mi ideal es tenderme, sin ilusión ninguna...
De cuando en cuando un beso y un nombre de mujer.

En mi alma, hermana de la tarde, no hay contornos...
y la rosa simbólica de mi única pasión
es una flor que nace en tierras ignoradas
y que no tiene aroma, ni forma, ni color.

Besos, ¡pero no darlos! Gloria... ¡la que me deben!
¡Que todo como un aura se venga para mí!
Que las olas me traigan y las olas me lleven
y que jamás me obliguen el camino a elegir.

¡Ambición!, no la tengo. ¡Amor!, no lo he sentido.
No ardí nunca en un fuego de fe ni gratitud.
Un vago afán de arte tuve... Ya lo he perdido
Ni el vicio me seduce, ni adoro la virtud.

De mi alta aristocracia dudar jamás se pudo.
No se ganan, se heredan elegancia y blasón...
Pero el lema de casa, el mote del escudo,
es una nube vaga que eclipsa un vano sol.

Nada os pido. Ni os amo ni os odio. Con dejarme
lo que hago por vosotros hacer podéis por mí...
¡Que la vida se tome la pena de matarme,
ya que yo no me tomo la pena de vivir!...

Mi voluntad se ha muerto una noche de luna
en que era muy hermoso no pensar ni querer...
De cuando en cuando un beso, sin ilusión ninguna.
¡El beso generoso que no he de devolver!

Lo fatal (Ruben Dario)

 

Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque esa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror...
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,

¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!...

Poema del amor ajeno (J. A. Buesa)

 

 

Puedes irte y no importa, pues te quedas conmigo

como queda un perfume donde había una flor.

Tú sabes que te quiero, pero no te lo digo;

y yo sé que eres mía, sin ser mío tu amor.

 

La vida nos acerca y la vez nos separa,

como el día y la noche en el amanecer...

Mi corazón sediento ansía tu agua clara,

pero es un agua ajena que no debo beber...

 

Por eso puedes irte, porque, aunque no te sigo,

nunca te vas del todo, como una cicatriz;

y mi alma es como un surco cuando se corta el trigo,

pues al perder la espiga retiene la raíz.

 

Tu amor es como un río, que parece más hondo,

inexplicablemente, cuando el agua se va.

Y yo estoy en la orilla, pero mirando al fondo,

pues tu amor y la muerte tienen un más allá.

 

Para un deseo así, toda la vida es poca;

toda la vida es poca para un ensueño así...

Pensando en ti, esta noche, yo besaré otra boca;

y tú estarás con otro... ¡pero pensando en mí!

Carta sin fecha (J. A. Buesa)

 

Amigo:

 

Sé que existes, pero ignoro tu nombre.

No lo he sabido nunca ni lo quiero saber.

Pero te llamo amigo para hablar de hombre a hombre,

que es el único modo de hablar de una mujer.

 

Esa mujer es tuya, pero también es mía.

Si es más mía que tuya, lo saben ella y Dios.

Sólo sé que hoy me quiere como ayer te quería,

aunque quizás mañana nos olvide a los dos.

 

Ya ves: ahora es de noche. yo te llamo mi amigo;

yo, que aprendí a estar solo para quererla más;

y ella, en tu propia almohada, tal vez sueña conmigo;

y tú, que no lo sabes, no la despertarás.

 

¡Qué importa lo que sueña!. Déjala así, dormida.

Yo seré como un sueño sin mañana ni ayer.

Y ella irá de tu brazo para toda la vida,

y abrirá las ventanas en el atardecer.

 

Quédate tú con ella. Yo seguiré el camino.

Ya es tarde, tengo prisa, y aún hay mucho que andar,

y nunca rompo el vaso donde bebí un buen vino,

ni siembro nada, nunca, cuando voy hacia el mar.

 

Y pasarán los años favorables o adversos,

y nacerán las rosas que nacen porque sí;

y acaso tú, algún día, leerás estos versos,

sin saber que los hice por ella y para ti....

Acerca de lonely

...

Suscríbete

RSS | Atom

Contacto

Contactar


Used cars Albergado en:blogspot.es

Noticias: Noticias

Un servicio de HispaVista